La Ausencia

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La Ausencia

Este pequeño ensayo se basa en la parte final, en el adiós, en la ausencia física, ese momento en el que verdaderamente te das cuenta de una muerte.

Es un pequeño proyecto de fotografías basadas en el antes y en el después. En cuando estaba, fotografías a color, y cuando ya murió, los mismos espacios, en B/N, ya sin muebles, ya sin ella.

Tras muchos años de compartir con mi abuela, hace poco tiempo marchó. Tengo sus recuerdos, recuerdo la sensación de tocar su mano, de su olor, de su mirada, de su sonrisa, de querer ir a callejear, de la posesión de las llaves de su casa, de la alegría de la visitas, de ser feliz de la compañía de sus hijos y de sus nietos, de lo cariñosa que siempre fue, del cocinar (qué mano tenía), del olor a café, del cuidado de sus plantas, de su cantar, de los amaneceres en su casa (siempre tempranito, tenía que arreglarse, siempre fue coqueta)… Los recuerdos… es cuánto nos queda cuándo alguien marcha.

Desde que yo estaba muy pequeñita estuvo con mi familia, nos ayudó, nos apoyó, y nació con los años una fuerte relación. Con mi cámara, pude retratar su vida, su historia, nuestra historia. Empecé a estudiar fotografía en el 2000, y desde entonces, desde el primer rollo, me encantaba fotografiarla, para ella ser mi modelo siempre fue un placer, y para mi poder fotografiarla, todo un orgullo.

Fotografié sus pasatiempos, sus alegrías, sus compañías, sus soledades, la fotografié en su intimidad, inclusive me permitió fotografiarla en sus últimos meses de vida, cuando ella dependía de los demás para todo, ya no podía ni comer, bañarse, caminar por su cuenta… cuánto le gustaba cocinar… tenía una mano que todos ansiábamos probar de sus comidas. Llegó la época que no podía ya hacer nada, más que sentir dolor, ansia, le costaba respirar y el Parkinson empeoró. Pasaba los días sentada en su silla de ruedas, veía pasar el tiempo. Algo que nunca pensé que me llegara a permitir fue fotografiarla en su enfermedad, y su estado de pura vejez, siempre fue una señora guapa, elegante, orgullosa, segura de sí misma, le costó mucho aceptar que necesitaba un bastón años atrás, más llegar a sentirse vieja. Durante un tiempo me prohibió fotografiarla, se sentía fea… no entendía por qué fotografiarla en ese estado, hasta que un día se dio cuenta de que para mi era importante hacerlo, era mi forma de despedirme.

Fue tras la muerte de mi abuelo cuando empeoró notablemente, 9 meses después se nos fue.

No fue hasta que fotografié su casa vacía donde caí en la ausencia; donde estuvo, ya no está, físicamente. Y es ahí donde los recuerdos hacen que uno no olvide, y la fuerza de las imágenes hacen poder revivir su sonrisa, su cálido abrazo de bienvenida, y su fuerte abrazo de nos vemos mañana.

¿De qué forma representar la muerte? ¿Por qué fotografiar su casa? Fue lo que ella cuidó cada día hasta el final, al marchar sus 8 hijos, su casa era su vida, sus plantas, sus rincones, sus memorias estaban en ella, aquellos recuerdos del gentío… siempre mantuvo las habitaciones tal y como quedaron según se fueron yendo sus hijos. Mi madre, la menor, siempre estuvo para ella, tuvieron una relación tan de confianza, respeto mutuo y lealtad, que desde pequeña admiré, y con el cual viví, y formó parte de mi.

Pocos días posteriores a su muerte, mi madre y yo fuimos a su casa, una vez dentro, estuvimos un largo rato sin hablar, no habían palabras. Recuerdo que al entrar por primera vez, todo olía a ella, ir a sus rincones preferidos y de alguna forma verla ahí presente. Con estas últimas fotografías cerré una parte importante de mi vida, hay quienes escriben, hay quienes rezan, hay quienes fotografiamos.

Una muerte siempre es un largo duelo, pero siempre pensé que la fotografía era una hermosa forma de acercarme a ella, de ver sus cambios con el tiempo y de plasmar aquellas cualidades que siempre permanecerán.